Catalunya 1714








Estimados forasteros


• Carta oberta a tots els fillsdeputa espanyols que insulten Catalunya (Jaume Sastre)
• Breu reflexió filosòfica i metafísica sobre la paraula "xarnego" (Jaume Sastre)

Mallorquins, alçau es cap! (Arnau Puig)

 

1715


ESTIMADOS FORASTEROS:

(Segon manifest de n'Arnau Puig)
S'autoritza la reproducció per qualsevol mitjà sense demanar permís a ningú.

 

Estimados forasteros:

Sé que la mayoría de aquellos en quienes estoy pensando al escribir este manifiesto hace años que vivís en Mallorca y entendéis bien el mallorquín, sé que podría dirigirme a vosotros en mallorquín y que casi todos me entenderíais, pero, por desgracia, hay demasiados prejuicios que perjudican el libre uso de nuestra lengua en nuestro territorio (y cuando digo nuestro territorio quiero decir mío y vuestro, y cuando digo nuestra lengua quiero decir, también, mía y vuestra), y no quiero que ninguno de ellos impida la máxima comunicación posible con el mayor número de vosotros, en este alegato que pretende ir, al mismo tiempo, contra los prejuicios, que luego analizaré, y a favor de vuestro compromiso en la defensa del país y del paisaje, de la cultura y de la lengua propias de Mallorca. De hecho, dirigiéndome como pretendo a los que hace ya mucho tiempo que residís en nuestra isla, el mismo encabezamiento tiene un cierto grado de inexactitud: sé que muchos os sentís mallorquines y que lo de forasteros ya no corresponde a la relación que habéis establecido con la isla y con los isleños. De todos modos este escrito es una llamada de un mallorquín de nacimiento, de ascendencia y de lengua hacia todos aquellos que, sin dejar de ser andaluces, gallegos, castellanos, murcianos, o de cualquier otro lugar de España o del Mundo, se sienten también mallorquines, sienten interés y aprecio por todo lo que se refiere a esta tierra, su realidad, su historia, su presente y su futuro; llamada también a todos aquellos que, siendo mallorquines de nacimiento, y siéndolo o no de ascendencia o de lengua, tienen a veces dudas sobre su autoafirmación como mallorquines, tienen con frecuencia sentimientos encontrados sobre las señas de identidad de nuestro pueblo. A vosotros dirijo especialmente las reflexiones que vienen a continuación, aunque, teniendo en cuenta siempre esa perspectiva, creo que su lectura puede interesar también a otros grupos de residentes.

Desde la estimación y el respeto, desde el "compatriotismo" y la diferencia, desde un mallorquinismo convencido a otro mallorquinismo indudable, aunque distinto, quizás, y, tal vez, en ocasiones titubeante, os saluda con afecto

Arnau Puig

(miembro de la asociación, "Mallorquins, alçau es cap")

 

Sras. y sres.:

Para los que llevamos muchos años viviendo en Mallorca salta a la vista la profunda transformación que ha experimentado, tanto desde el punto de vista territorial como humano, tanto en el nivel de vida como en la calidad del agua, tanto en la convivencia como en la estabilidad de los puestos de trabajo; sabemos que si la angustia por encontrar nosotros un lugar de trabajo digno y seguro fue, generalmente, superada con un relativo éxito, reaparece ahora de cara a la calidad y estabilidad del trabajo que puedan encontrar nuestros hijos o nuestros nietos, que el aumento de la actividad económica de los últimos diez o doce años se ha producido a costa de perder demasiados de los avances que la clase trabajadora había conseguido en muchos años de lucha; que incluso buena parte de los que se han enriquecido, en pequeño, en estosúltimos cinco o seis años, lo han hecho sin garantías de continuidad, por un mero aprovechamiento de las circunstancias que, en grande y con futuro, han enriquecido solamente a algunas docenas de especuladores, a quienes estamos subvencionando entre todos, pagando el agua cada vez más cara, pagando del común infraestructuras que sirven principalmente para posibilitar o facilitar sus negocios, al tiempo que destruyen el patrimonio de todos. Actuando más como mercaderes que como empresarios, en lugar de invertir en industria turística que proporcione muchos lugares de trabajo estable, o en otras industrias o servicios, invierten de cada vez más en urbanizaciones que dan trabajo durante una temporada, pero luego producen fenómenos como el de que habiendo más movimiento en el aeropuerto estén más vacíos los hoteles: cuando el negocio esté hecho y Mallorca destruida, se llevarán las inversiones a otra parte y quedaremos todos con un palmo de narices.

Son muchos los indicios que nos demuestran que estamos en una encrucijada, que Mallorca se va a jugar, en los próximos cuatro o cinco años, el ser un país próspero y cómodo para vivir, pensado a la medida de lo que conviene a sus habitantes o ser un puro negocio internacional, pensado para el provecho de unos cuantos que continuarán degradando el nivel de vida de la mayoría para generar unos beneficios especulativos que, una vez exprimida la naranja, se irán dejándonos a nosotros los problemas, el hacinamiento, la masificación, la explotación de la mano de obra, la despersonalización, la destrucción del paisaje, la falta de recursos y el paro.

Parar esto, conseguir preservar una calidad de vida adecuada para los que vivimos en Mallorca y poder mantener los ejes básicos de la personalidad de nuestro pueblo, será imposible con una sociedad dividida: es imprescindible desenmascarar los prejuicios y las falsedades, y reconocer los errores, que dificultan la unidad de acción de todos los que deseamos lo mejor para este trozo de mundo en el que nos ha tocado vivir y convivir.

Cuando alguien dice que las pensiones medias que tenemos son las más bajas de todo el estado, a veces hay quien responde que es porque hay muchos autónomos que cotizan al mínimo, pero entonces, ¿por qué es que tenemos los sueldos medios más de un diez por ciento por debajo de la media española? y, sobre todo, ¿por qué continúan disminuyendo los sueldos medios en relación a los del conjunto de España? Si aportamos al estado un excedente de más de doscientos cincuenta mil millones de pesetas al año,¿por qué somos la Comunida Autónoma donde el Estado gasta menos en sanidad pública por habitante?, ¿por qué somos la zona donde el Estado gasta menos por alumno en educación?, ¿por qué no se ha aprovechado parte de ese excedente para comprar terrenos, para que fueran públicos, y así, además de dejar de ser los que tenemos menos territorio público por habitante, habríamos defendido el paisaje y, con él, la calidad del turismo, que de cada vez más se sostiene sobre la base de unos precios tirados, con la consiguiente sobreexplotación de los trabajadores del sector? Malamente lo tenemos si los gobiernos del Estado nos tratan como si fuéramos una colonia, si muchos de los grandes empresarios de aquí actúan más como especuladores que como empresarios, si los gobiernos de la Comunidad Autónoma atienden más a las conveniencias de los ricos que a los intereses de la mayoría.

Pero, ¿qué podemos hacer?, ¿qué es aquello que nos detiene? Por desgracia, además de los miedos y las cacicadas, de la innata lucha entre la tendencia a la solidaridad y la tendencia al "sálvese quien pueda", que encontramos en cualquier otro lugar del Planeta, padecemos en Mallorca otros fenómenos que complican y dificultan la necesaria unidad de acción de la clase trabajadora, y que podríamos agrupar, básicamente, en dos conjuntos: los fenómenos que dificultan la cohesión social y aquellos otros que provienen del proceso de desarraigo que, si por una parte es propio de la cultura pseudo-neoliberal que quieren imponer por doquier aquellos a quienes interesa, por otra parte adquiere en nuestras islas unas características especialmente intensas. Intentaré ahora analizar cuáles son estos fenómenos y la manera como, a mi juicio, debiéramos afrontarlos.

Muchos os acordáis de cuando llegasteis, con frecuencia en condiciones precarias, y guardáis, seguramente, recuerdos ambivalentes de la manera como fuisteis recibidos, recuerdos de rechazo y recuerdos de acogida, según el trabajo, según el pueblo, o el barrio, o los primeros ambientes de compañerismo y de amistad que tuvisteis. Los que lleváis más años aquí hubisteis de aprender el mallorquín, al menos entenderlo, pues llegasteis a tiempo de conocer muchos mallorquines que no sabían hablar de otra manera; a los que llegasteis cuando ya había televisión quizás os pasó al revés, que queríais aprenderlo pero no podíais porque nadie os hablaba en mallorquín. Si los mallorquines hubimos de oír frases del estilo de "no ladres perro"," puta polaco", "habla en cristiano", "habla el idioma del imperio", etc., especialmente en la mili y en el trato con según que tipo de funcionarios, vosotros tuvisteis que escuchar otras del estilo de "forastero de la puñeta", o "puta forastero", o "barco de rejilla", etc.; lástima que siempre haya de haber algún desgraciado que no tenga otra manera de sentirse importante que la de ofender al prójimo. Aunque el uso de esas frases despectivas, gracias a Dios, ha disminuído, aún hoy pueden oírse de vez en cuando algunas de ellas, como "barco de rejilla", o "los mallorquines sois una puta mierda", etc.

La palabra "forastero" significa que es de otro lugar, sale mucho en las películas del Oeste, no es ningún insulto, pero, a veces, había quien la utilizaba como si lo fuera. De todos modos lo habitual era llamar forasteros a los que hablaban castellano y llamar forastero al idioma castellano; recuerdo que cuando yo era pequeño, a los que hablaban inglés, francés, alemán, sueco, los llamábamos, indistintamente, "franceses" y al idioma que hablaban, fuese cual fuese, lo llamábamos"francés". Recordaréis que fuera de la escuela, en los ambientes populares, no solía decirse catalán y castellano, sino mallorquín y forastero.

Y aquí hay un nuevo punto de fricción, que ha motivado muchas polémicas y discusiones: ¿ mallorquín o catalán?. Esta cuestión puede hablarse desde el punto de vista del nombre de la lengua y desde el punto de vista de la manera de hablarla. Desde el punto de vista del nombre de la lengua está muy claro a nivel científico y académico: el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua define el mallorquín como " Variedad de la lengua catalana que se habla en la isla de Mallorca". Para explicarlo más gráficamente podríamos decir que así com el castellano està formado por el madrileño, el manchego, el sevillano, el granadino, el argentino, etc., que todos juntos lo constituyen, el catalán está formado por el barcelonés, el mallorquín, el ibicenco, el leridano, el valenciano, etc., que todos juntos lo forman. Podemos pues decir que hablamos en mallorquín ya que, al decirlo, ya se supone que si el mallorquín forma parte del catalán, al hablar mallorquín estamos hablando en catalán, de la misma manera que uno puede decir que habla andaluz, o argentino, pues al decirlo ya se supone que si el andaluz y el argentino forman parte del castellano, al hablar andaluz o argentino se está hablando en castellano.

Desde el punto de vista de la manera de hablarlo, no hay por qué imitar el barcelonés ni ningún otro dialecto: de la misma manera que una persona de Granada tiene derecho a seguir llamando "colorín" al pájaro al que en Madrid llaman"jilguero", y si escribe una redacción, o un libro, tiene derecho a escribir colorín y no jilguero, si así le viene de gusto, igualmente podemos decir y escribir "nin", como se dice en Mallorca y no "noi " como se dice en Barcelona, si así lo preferimos, y lo mismo podríamos decir de otras muchas palabras, que se llaman sinónimas y que existen en todos los idiomas. Otra cosa es la corrección de las palabras: por mucho que haya quien dice "tortijo" por "cortijo", o "amoto" por "moto", las formas correctas son"cortijo" y "moto", y aunque, de manera informal, pueda decirse tortijo y amoto, en un escrito culto no debe ponerse; igualmente en un escrito culto en mallorquín escribiremos "padrí" y " pebre", aunque sean más las personas que, informalmente, pronuncian "pradí" y "prebe".

Esas cosas a veces han generado malentendidos: el hecho que durante casi trescientos años el mallorquín haya estado prohibido en la escuela, en los tribunales, en las administraciones públicas, etc., ha hecho que muchos mallorquines dominaran solamente el registro informal, coloquial, de la lengua, y que el registro formal, culto, literario, de la misma, les resultara extraño y, cuando se ha introducido en la escuela y en los medios de comunicación el uso de un registro aproximadamente estándar, hayan mostrado un cierto recelo hacia él. Pienso que para vosotros, que conocéis y usáis, alternadamente, un registro coloquial del castellano junto a otro más formal o estándar, esta cuestión debe de ser más fácil de entender. Decir que se hacen clases de catalán o que se hacen clases en catalán en la escuela no significa que no se hagan en mallorquín, no quiere decir que se hagan en barcelonés, significa que se enseña la lengua, priorizando el registro formal o estándar, como se hace en todas las escuelas del mundo, sin descuidar por ello, aquí, los registros informales, que sí se descuidan en muchísimas escuelas de otras partes de España y del Mundo.

He empezado diciendo que, aunque pienso que me entenderíais si me dirigiera a vosotros en mallorquín, lo hacía en castellano porque hay muchos prejuicios que dificultan el uso de nuestra lengua, incluso en Mallorca mismo. Por desgracia algunos os hubierais sentido casi ofendidos si me hubiera dirigido a ellos en mallorquín; sé que muchos otros lo habríais aceptado como algo normal, pero no sé en cual de los dos grupos hubiera habido más gente: que alguien pueda sentirse molesto porque se le dirijan en mallorquín, en Mallorca, ya indica un grado elevado de prejuicios, de intoxicación "política". Que los que, como yo, intentamos hablar siempre en mallorquín en Mallorca, con el ánimo de mantener viva la lengua propia de este territorio y, al mismo tiempo, ofrecer posibilidades de conocimiento y de integración, tengamos que recurrir a acompañar continuamente con el gesto, o con la expresión de la cara, para que nuestro interlocutor no se ofenda por ello y que, incluso así, tengamos que aguantar presiones para que cambiemos de lengua, es expresión del grado de colonización cultural que padecemos los mallorquines. Curiosamente nadie, o prácticamente nadie, se ofende en Mallorca porque le hablen en castellano, en inglés, en francés, en alemán, etc., pero son muchos y de muy diversos orígenes (españoles, europeos, africanos, americanos, asiáticos, etc.) los que se ofenden de que se les hable en mallorquín. Los que durante tanto tiempo fueron predicando que hablar en mallorquín, con alguien que no fuera catalanoparlante, era de mala educación consiguieron su objetivo, aunque caiga por su propio pie la falsedad de esa afirmación: que en Mallorca sea de buena educación, en cualquier circunstancia, hablar cualquier idioma, menos el mallorquín, es una mentira que no se aguanta, una intoxicación intelectual hecha con finalidades "políticas". Desde el año 1716, cuando los mallorquines perdimos la guerra de sucesión, se han ido introduciendo prejuicios semejantes: cuando el rey Felipe V prohibió que se utilizara el catalán y ordenó que todos los asuntos oficiales y/o públicos se desarrollaran en lengua castellana, desde Mallorca se le contestó que tal cosa no podía hacerse porque la mayoría de gente no se enteraba de nada, entonces el rey autorizó que se hiciera a medias y ordenó que: "mañosamente se procurará que todos hablen castellano"; los prejuicios como el que acabamos de analizar, han contribuido eficazmente, no tanto al conocimiento del castellano, que es un bien, como al desuso y al desprecio del mallorquín, que es una de las principales causas de decadencia y falta de cohesión social de nuestro pueblo. Cuando ha empezado a exigirse, para según que puestos de trabajo, un cierto grado de conocimiento de la lengua propia de Mallorca, ha habido quien ha hablado de imposiciones, pero el conocimiento de la otra lengua oficial se impone en esos lugares de trabajo y en la mayoría de los otros, lo impone la Constitución española, se impuso durante la dictadura, venía imponiéndose desde la derrota de la Corona de Aragón en el s. XVIII, y nadie habla de imposiciones.

El territorio degradado y degradándose, el agua más cara y más mala, el hacinamiento y la masificación, los puestos de trabajo de cada vez más inestables y peor retribuidos, la contaminación en aumento, la drogadicción, el desarraigo, la división social que adquiere especial relevancia en algunas escuelas e institutos, la mala dotación en educación, en sanidad, en territorio, la expoliación fiscal, la progresiva aculturación de la sociedad mallorquina, etc., son problemas que requieren la ayuda de todos para resolverlos. No pueden dejarse en manos de los políticos; necesitarán, antes o después, de una gran movilización ciudadana, de trabajos de barrio, y de pueblo, y de sector laboral y/o social. No nos engañemos, la cohesión social deberá formarse desde la integración en el territorio que nos acoge a todos, en su historia y su futuro, en su lengua y sus derechos, con todas las aportaciones culturales diversas que sean sumables, que son muchas, con el conocimiento de todas las otras lenguas que hagan falta, empezando por la castellana, pero desde el sentimiento de unión en un solo pueblo, desde la asunción del mallorquín como lengua propia, incluso por parte de aquellos que no sepan aún hablarlo, desde la voluntad de doblegar a aquellos que han jugado con nuestras vidas, con afanes políticos, desde un falso y exacerbado nacionalismo "español", y a aquellos otros que les hacen el juego desde nacionalismos idolátricos que dan más importancia a las ideas que a la vida de las personas. Leopoldo Calvo Sotelo, segundo presidente de gobierno de la etapa democrática actual del estado español, en una ocasión en directo por televisión, dijo, aproximadamente de manera textual:"... hay que promover la emigracion de andaluces y castellanos hacia Valencia y Cataluña para reforzar el sentimiento de españolidad de aquellas regiones...". Esto es jugar con las personas y con los pueblos con finalidades políticas, pero ya no nos debe importar: aquí estamos y somos los que somos, y el tapamorros a los politicastros lo tenemos que dar con nuestra unión, nuestra inteligencia y nuestra tolerancia. Aquellos que sufrimos por la incertidumbre del futuro de lo mallorquín sabemos que os necesitamos, que , en la medida en que todos nos sintamos mallorquines, nos necesitamos mutuamente; en cualquier colectivo hay indeseables, pero no debemos consentir que sus acciones, sean del signo que sean, rompan nuestra necesaria unidad.

No he querido que aquellos que están poseídos por los prejuicios de los qué antes hemos hablado dejaran de leer el manifiesto, por esto no lo he escrito en mallorquín, para que tuvieran, por lo menos una vez, ocasión de leer esta explicación, pero que no se engañen, intento deshacer prejuicios pero no intento hacer la pelota a nadie: sin negar a ninguna persona el derecho a hablar cualquier lengua en cualquier parte, reivindico mi derecho de expresarme siempre en mallorquín en Mallorca, si me place, sea quien sea mi interlocutor, y lo practico con muy pocas excepciones (alguna persona muy mayor, alguien con cara de turista que me pregunta donde està la catedral, y poca cosa más). Esta es una más de las razones que me han empujado a escribir este manifiesto, porque aunque mi intención sea practicar un derecho, ciertamente, pero quizás más aún transmitir un sentimiento de unión, decir que como que sé que eres de los míos, por eso te hablo en mi lengua, independientemente de la lengua en que tú me hables. Aunque, con un poco de esfuerzo expresivo por mi parte, los interlocutores, generalmente, aceptan bien la situación, son demasiados los casos en que la otra persona o se siente ofendida, o se enfada, o intenta presionarme para que deje de hablar en mallorquín diciendo que es de mala educación, o intentando hacerme creer, falsamente, que no me entiende, etc. Yo procuro no decir nunca a los otros en que lengua deben expresarse y, además, soy consciente de que, en muchas ocasiones, los papeles se invierten y que cuando un no-catalanoparlante intenta hablar en mallorquín, con frecuencia, cuando los mallorquines descubren por el acento o por cualquier otra observación que el interlocutor no se expresa habitualmente en nuestra lengua, son ellos los que cambian de lengua, dificultando a los que quieren aprenderla que la aprendan; alguien dirá que lo hacen por deferencia pero también hay quien se siente ofendido por ello, quien tiene la impresión de que le estan diciendo:"a ti no te tengo por mallorquín y por esto no te lo hablo".

Son muchos los irlandeses que no saben hablar irlandés pero, aunque ellos hablen inglés, saben que el irlandés es su lengua, la lengua propia de su territorio, se sienten irlandeses, aunque también se sepan británicos; son muchos los portorriqueños que hablan con más fluidez el inglés que el español pero saben que el español es la lengua propia de Puerto Rico, se sienten portorriqueños, aunque sepan que su Estado es un estado libre asociado de los Estados Unidos de América. Aquí lo tenemos mejor, de momento, pero hay que garantizar el futuro: nuestros nietos, los de todos, tienen que acabar la enseñanza obligatoria, a los dieciséis años, sabiendo hablar con fluidez los dos idiomas oficiales, sintiéndose todos igualmente mallorquines y defensores de lo mallorquín, independientemente de cual sea su lengua familiar, y como que en la tele, en la radio, en la música, van a encontrar más el castellano, e incluso el inglés, que el mallorquín, es necesario que encuentren más nuestra lengua en la escuela y en la familia y que, aquellos que en la familia no la reciban, encuentren en ella una actitud positiva hacia su aprendizaje.

Y esto que acabo de decir tiene una importancia cultural indudable, una importancia trascendental para el sentimiento de identidad de nuestros jóvenes, una importancia enorme para los que queremos mantener la existencia de lo mallorquín (que si desaparece de Mallorca, ¿dónde se conservará?), pero es, sobre todo, imprescindible para que en Mallorca exista un pueblo cohesionado, capaz de decidir sobre su futuro y capaz de plantar cara a los caciques y a los expoliadores, a aquellos que para enriquecer su presente nos están dejando sin futuro, que para recoger apresuradamente los huevos de oro se están cargando la gallina.

La redacción de este manifiesto ya expresa con claridad la intención que lo ha provocado. Me limitaré, pues, a subrayar tres de las propuestas o peticiones que os hago:

- En primer lugar no os dejéis arrebatar vuestra mallorquinidad. Que ningún desgraciado, con una frase tonta, consiga haceros sentir alejados de los que apostamos por Mallorca y por su futuro, que no consiga deshacer de vuestro corazón el amor que sentís hacia todo lo mallorquín.

- En segundo lugar ejerced de mallorquines, no os limitéis a no oponeros, intervenid, opinad, participad de las luchas, sin renunciar a vuestra manera de ser, convencidos de que para luchar por Mallorca no es necesario que renunciéis a ser andaluces, castellanos, gallegos, o lo que sea, basta querer que con justicia sean salvaguardados los derechos de este territorio que compartimos, de este pueblo que nos une a todos, y desear que todos adquieran los signos de identificación que nos caracterizan como mallorquines, y expresar estos sentimientos ante nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros amigos y parientes. Así de fácil y así de difícil.

- En tercer lugar no os dejéis engañar por la propaganda anticatalanista de tantos medios de comunicación. El discurso anticatalanista es un discurso embustero: el drenaje de recursos, la expoliación fiscal, la limitación de la autonomia, nos vienen de Madrid ( no de los madrileños, ciertamente, sino del gobierno, que tiene su sede en Madrid) y del sucursalismo de los caciques de aquí, que han optado por sumarse al genocidio cultural del pueblo mallorquín, a su propia aculturación.

Estos tres escalones de compromiso han de permitiros saber, en cada momento, cual es la actitud adecuada.

Que nunca caigamos, ninguno, en las simplificaciones gandulas, en las generalizaciones injustas, en las redes de los lobos disfrazados con piel de cordero, de los racistas que acusan de racistas a los que no lo son, que falsean la historia y acusan a los otros de haberla cambiado. Con esta esperanza y con este deseo me despido: que nos reencontremos en una lucha pacífica y pacifista por la verdad, por la libertad, por la justicia y, como dice la canción,

"Tots junts vencerem."